Los orígenes del druidismo se pierden en la prehistoria.Los registros más antiguos sitúan a los druidas entre los pueblos tribales de Europa identificados por los historiadores modernos como celtas posteriores a un grupo tribal, los keltoi.
La lengua y la cultura que llamamos celta se desarrolló en Europa central a principios del primer milenio anterior a la Era Común, si bien Julio Cesar nos cuenta que los galos de la época creían que el druidismo se habia originado en Gran Bretaña. Es apropiado creer que se desarrolló durante miles de años, y que sus orígenes van más allá de la aparición de la cultura denominada celta.
A partir de los registros arqueológicos queda clara que muchas prácticas rituales de los celtas de la Edad de Hierro eran frecuentes mil años antes entre los constructores, en la Edad de Bronce, de los grandes círculos de piedras de Gran Bretaña e Irlanda, y mil años antes, incluso, entre los pueblos del Neolítico que construían megalíticas tumbas-santuario como la de New Grange, en Irlanda (podéis verlo en la foto de abajo). Delimitar un espacio sagrado con una franja o terraplén, hacer ofrendas rituales en fosas o astas y erigir postes de madera y piedras alineadas al amanecer o al atardecer en determinadas épocas del año son prácticas comunes desde el año 3500 a. EC hasta el 400 EC. (para los cristianos desde el año 3.500 aC. hasta el 400 dC.)
Si, una vez situados en la Edad Media, volvemos a retroceder otros 500 años, llegamos a los inicios de la Era Común, y a los primeros registros escritos de los druidas. Las pocas descripciones que nos han llegado de druidas, proporcionadas por escritores griegos y romanos de los últimos siglos anteriores a la Era Común y los primeros siglos de esta era, fueron la inspiración de los anticuarios del siglo XVII, quienes, a su vez, inspiraron el resurgimiento druida del siglo XVIII. Entre las historias más influyentes se encuentrala historia griega de Plinio el Viejo. En un pasaje de su Historia Natural, escrito en el siglo I EC., ofrece una vívida explicación de las creencias druidas de un rito celebrado en el bosque:
Los druidas... no tienen nada más sagrado que el muérdago y el árbol que lo sostiene, teniendo en cuenta que ese árbol siempre es un roble. Sin embargo, eligen bosques compuestos por robles sólo por el bien del árbol, y nunca realizan ninguno de sus ritos si no se encuentrn ante una rama de roble... De hecho, piensan que todo lo que crece en él ha sido enviado por el cielo y es una prueba de que el árbol fue elegido por el mismo dios. No es fácil, sin embargo, encontrar muérdago en un roble; y, cuando se encuentra, es cogido con una gran ceremonia religiosa adecuada, si es posible el sexto día del ciclo de la Luna (ya que es con la Luna con la que miden los meses y los años, y también su propia edad de treinta años). Eligen este día porque la Luna, si bien no está aún en la mitad de su recorrido, ya tiene una influencia considerable. Denominan al muérdago con un nombre que, en su lengua, sigifica el que todo lo cura. Después de hacer un preparado para el sacrificio, así como un banquete bajo los árboles, llevan allí dos toros blancos, atados por los cuernos. Vestido con una túnica blanca, el sacerdote sube al árbol corta el muérdago con una hoz de oro, y es recibido por los demás en una capa blanca. Entonces, los demás matan a las dos víctimas, orando porque el dios hará de esta ofrenda algo favorable para aquellos a los que se la conceda. Ellos creen que el muérdago, si se toma en infusión, da fecundidad a los animales estériles, y que es un antídoto para todos los venenos.
Plinio vistió a su druida de blanco, mientras que algunos otros escritores contemporáneos describen a druidas vestidos con túnicas bordadas en oro y a mujeres que probablemente eran druidas vestidas con túnicas negras.
Actualmente, los druidas reconocemos ciertos aspectos de la descripción de Plinio como relacionadas con nuestra práctica: su presentación del druidismo como un sistema de creencias mágico; su honra al paso del tiempo y a los ciclos de la naturaleza a través de las fases de la Luna; su implicación en las propiedades curativas de las hierbas y en los espíritus que residen en los árboles, plantas y animales. Los druidas modernos no sacrificamos animales, si bien algunos se preguntarán por qué es esto así si decimos revivir una antigua tradición de la que formaba parte el sacrificio de animales. La respuesta es que no intentamos revivir el druidismo de hace 2.000 años. Aquellos eran tiempos más difíciles, en los que la comida escaseaba, y la muerte por hambre, enfermedad o guerra era una amenaza constante. Hoy, la vida de la mayoría de nosotros es muy diferente. El druidismo es una tradición viva. Y al igual que los tiempos cambian y que la conciencia humana evoluciona, el druidismo cambia y evoluciona, renovando su relevancia en cada nueva generación.
¿Qué más conocemos de los druidas antiguos? En el siglo I a. EC., el historiador griego Diodorus Siculus hacia la siguiente descripción de los druidas de la época:
Entre ellos – por ejemplo, los galos, el pueblo del país que llamamos Francia- hay compositores de versos a los que se les conoce como bardos; estos, cantando y con instrumentos similares a una lira, alaban a unos y vituperan a otros.
Tienen filósofos y teólogos que son tratados con mucha consideración a los que llaman druidas; tienen adivinos – vates-, también de gran renombre, que conocen el futuro o a partir del vuelo de los pájaros y de la observación de las entrañas de los animales; y todos estan atentos a sus palabras.
... Es costumbre de los galos que nadie haga ningún sacrificio sin la presencia de un filósofo- por ejemplo, un druida-, porque, según ellos, las ofrendas a los dioses sólo deberían hacerse por mediación de estos hombres, que han aprendido la divina naturaleza y, por decirlo de algún modo, están familiarizados con ella, por lo que sólo a través de ellos debe buscarse la bendición de los dioses.
Estos profetas tienen autoridad no sólo en tiempos de paz, sino también de guerra, y los encantamientos de los bardos tienen efectos tanto en amigos como en enemigos. A menudo, cuando los combatientes se encuentran alineados frente a frente, las espadas están desenvainadas y las lanzas están alzadas, aparecen esos hombres entre los ejercitos y suspenden la batalla, del mismo modo que las bestias son encantadas a veces. Así, incluso entre los bárbaros más salvajes, la ira cede ante la sabiduría, y Marte es avergonzado ante las Musas.
Diodorus nos presenta las tres áreas principales de la práctica druidad: los bardos, los vates y los druidas. Cada una de ellas hace referencia a diferentes áreas de ellos mismos y ofrece diferentes maneras de ver el mundo. La senda de los bardos se centra en encontrar fuentes personales de inspiración y en fomentar la creatividad. La senda de los vates (la que yo sigo) se centra en la curación, la conciencia y la comprensión de procesos de cambio de ellos mismos y del mundo. La senda de los druidas les lleva a trabajar con los procesos de cambio para asumir un papel más activo en el continuo proceso de creación. Los druidas modernos seguimos actuando como sacerdotes, si bien actualmente los sacrificios que realizamos incluyen cosas como tiempo, poesía, frutos de temporadaa y flores o aguamiel.
De Plinio y otros autores, hemos aprendido que los antiguos druidas realizaban ritos en los bosques, si bien esta práctica no ha debido de ser frecuente antes de los intentos romanos de limitar las actividades de los druidas en el siglo I a EC. En esa época, los druidas tenían un concepto del espacio sagrado denominado nemeton, un área específicamente destinada para usos rituales, a menudo rodeadea por un terraplén o una franja excavada en el suelo. A veces, se construían pequeños templos o santuarios en el área sagrada. Los santuarios solían consistir en estructuras de madera, aunque algunos eran de piedra y, en ocasiones, de hueso; algunos eran cuadrados, otros redondos. Santuarios de este tipo fueron encontrados en pueblos encima de colinas, que era una forma frecuente de asentamiento en Europa durante la Edad de Hierro. Muchos nemetonae disponían de fosas rituales en las que se hacían las ofrendas. En ocasiones, se erigian postes de madera o piedras alineadas al amanecer o al atardecer en alguna época significativa del año.
Los druidas de la Edad de Hierro utilizaban hierbas y árboles sagrados en sus ritos, y practicaban la adivinación a partir del comportamiento de los pájaros y del movimiento de las estrellas. Algunos ritos incluían música y baile. Los rituales no eran la única área en que actuaban los druidas. También eran jueces y abogados, historiadores, maestros, doctores, cantantes y músicos. De hecho, todos los aspectos dela vida que requirieran algún tipo de educación formal parecían ser competencia de los druidas. Estos parecían haber asumido, entre los habitantes dela Edad de Hierro en Europa, un papel similar a la casta de los brahmanes entre los hindúes.
El druidismo de este periodo tuvo su lado oscuro, en el que se incluyen los sacrificios animales y, probablemente, también humanos. Fue una época en la que la gente entre la que vivían los druidas vivía y trabajaba como cazadores de cabezas, y conservaba la cabeza de sus enemigos como trofeos, utilizándolas a veces para decorar los santuarios. Parece que estamos muy lejos, de hecho, de la imagen romántica del siglo XVIII del sabio vestido de blanco. Y, sin embargo, no estamos tan lejos si tenemos en cuenta que varios escritores clásicos se refieren a los druidas como filósofos naturales, astrónomos, oradores, sabios jueces, inspirados profetas y habilidosos diplomáticos. Y si bien los druidas de esa época trabajaban muy cerca de la muerte, sabemos que creían fervientemente en la vida después de la muerte, y que esta creencia era tan intensa que celebraban la muerte como una liberación o un renacimiento. También creían en la transmigración del alma, creencia que aún mantenemos algunos druidas de hoy.
Existieron colegios bardos en Escocia hasta el siglo XVIII. Un siglo antes también había habido Instituciones semejantes en Gales e Irlanda. Representaban el nexo directo con el druidísmo del pasado remoto, cuando los bardos eran miembros de la clase druida entre los pueblos tribales de Europa en los siglos anteriores a la Era Común. A los estudiantes de estos colegios se les hacía memorizar grandes cantidades de poesía, tradiciones y leyendas de sus antepasados, y genealogías de familias importantes, el mismo modo que lo habían hecho sus predecesores en tiempos de Julio Cesar.
Los druidas fueron consejeros de los reyes irlandeses por lo menos hasta el siglo X, mientras que los bardos se refieren a los druidas como activos en Gales en el siglo XII. Este fue el periodo en que se escribían los antiguos cuentos de reyes paganos y héroes de Gran Bretaña e Irlanda, y normalmente los autores eran monjes. En estas historias, los druidas eran retratados como consejeros reales, profetas, magos, curanderos e intérpretes de sueños y presagios, que tenían la habilidad de adivinar y profetizar el futuro, provocar neblinas mágicas, preparar brebajes mágicos con milagrosos poderes curativos, resucitar a los muertos, alterar el clima, transformarse y transformar a los demás en pájaros o animales, y derrocar a tiranos con sus maldiciones. En conjunto, era una generación más salvaje y mágica que los druidas evangelistas del siglo XVIII. A finales del periodo medieval, muchas funciones druidas eran atribuidas a Merlín en los cuentos del rey Arturo y sus cabelleros. El personaje de Merlín que conocemos ahora fue creado en el siglo XII por Geoffrey de Monmounth, que escribió en lengua galesa leyendas acerca de dos bardos de la denominada Edad Media. El primero, Myrddin Emrys, era descrito como un profeta mágico y consejero del rey británico del siglo V, Ambrosio. El segundo, Myrddin Wyllt, llamado el Salvaje, era un bardo escocés del siglo VI. Al ver cómo su señor y sus compañeros morían en una batalla, decidió abandonar la compañía humana y vivir en el bosque de Celydon con un lobo y un cerdo. Se ganó la fama de ser un inspirado profeta. Ambos Myrddins vivieron en la época en que gran parte de Europa, incluyendo Gran Bretaña e Irlanda, vivía la transición del paganismo al cristianismo, y ambos conservan muchas cualidades del druida pagano.
En esta foto Merlín el estereotipo del druida.
En 1964, Ross Nichols fundó la Orden de los Bardos, los Vates y los Druidas (OBOD), con la intención de llevar de nuevo el druidísmo hacia lo que el veía como sus raíces celtas. A finales de los setenta, el druidísmo comenzó a adoptar elementos de la Wicca, la nueva religión pagana creada por un amigo de Nichols, Gerald Gardner. Los druidas empezaron también a ser influidos por los siberianos, los nativos americanos y otras culturas indígenas, y a descubrir de nuevo, a través de estas, las raíces de la tradición nativa europea. Entre ellos, estas influencias, juntamente con la investigación de los manuscritos medievales de Gales e Irlanda, se alimentó la recreación del druidísmo como una espiritualidad mágica, holística y conectada con la tierra y los antepasados.
Antes de los años setenta, la imagen del druida aparecida en la prensa popular era la de hombres con túnicas blancas en pie en un círculo de Stonehenge en el solsticio de verano. Este espectáculo anual formaba parte del verano inglés tanto como el críquet y el té con crema. Parecía que siempre había sido así: figuras con túnicas tras la puesta de sol y antes del amanecer, realizando ritos elaborados y Desapareciendo después, hasta el siguiente verano.
Si vamos cien años más atrás, esa imagen vuelve a cambiar. Los druidas de aquel tiempo están Representados de forma más clara en la mente dela gente por el Gorsedd Galés de Bardos.
El Gorsedd aparece todavía a principios de agosto en el Nacional Eisteddfod, la gran celebración anual de la lengua y la cultura galesa. Sus túnicas son de tres colores: azul para los bardos, verde para los vates y blanco para los druidas y realizan elaboradas ceremonias en modernos círculos de piedra construidos para la ocasión en pueblos en los que se celebra el Eisteddfod. Hablán galés, llaman a la paz : Heddwch!; desenvainan y envainan de nuevo una espada para mostrar que la paz existe realmente. Chica jóvenes llevan flores al altar de piedra que hay en el centro, en el que se sitúa un archidruida. El Hirlas Horn (cuerno de Hirlas) se pasa por el grupo, y el bardo que haya compuesto el mejor poema en verso tradicional está delante del grupo, en una silla.
Si vamos un poco más de doscientos años hacia atrás, llegamos hasta el resurgimiento druida del siglo XVIII. Es el solsticio de verano de 1792, y estamos encima dela colina de Primrose de Londres. Aquí nos encontramos con una pequeña reunión dirigida por un picapedrero galés, fallido hombre de negocios y falsificador literario, llamado Edward Williams, también conocido por su nombre bardo, Iolo Morganwg. De pie, en un círculo de piedrecitas que traía en su bolsillo, y vestido con la ropa habitual de cada día, hace un llamamiento a la paz, desenvaina y envaina una espada y pronuncia la plegaria gorsedd:
Esta plegaria se sigue oyendo todos los años en el Welsh National Eisteddfor. De formas diversas, se puede oír también en ceremonias de muchos otros grupos druidas, si bien muchos reemplazan la palabra Dios por espíritu, espíritus, dioses, diosas o dios y diosa.
La ceremonia de Iolo enla colina Primrose señaló la formación del Gorsedd de Bardos de la isla de Gran Bretaña uyas coloridas ceremonias realzan el Eisteddfod. Iolo afirma haber encontrado los ritos y leyes de los gorsedd en antiguos manuscritos galeses y, durante los 150 años posteriores a su muerte, mucha gente le creyó. Más tarde, un estudioso que investigaba los documentos de Iolo encontró versiones en borrador de los supuestos manuscritos antiguos, escritos por el propio Iolo: prácticamente la totalidad del amplio y complejo sistema de tradiciones bardas y druidas de Iolo era resultado de su propia invención. Actualmente, mucha gente consideran a Iolo y a sus contemporáneos unos románticos, en el mejor de los casos, y unos timadores, en el peor. Sin embargo, cuando Iolo se dedico a imitar poesía galesa medieval fue capaz de hacer pasar sus propios versos por el más reconocido bardo medieval, Dafydd ap Gwilym. De hecho, las imitaciones de Iolo se han hecho realmente más populares que los originales de Dafydd. Verdaderamente, Iolo tenía talento, e incluso ingenio.
Cuando era niño, Iolo se inspiró en los cuentos de su madre sobre grandes días pasados, en los que todas las nobles casas galesas tenían a su propio bardo. Más tarde, encontró la inspiración en las visitas a los grandes círculos de piedra de Avebury y Stonehenge. Su inspiración le llevó directamente a fundar el Welsh Gorsedd y a todo lo que hizo por promover y preservar la lengua y la cultura galesa. También inspiró la fundación de la Biblioteca Nacional de Gales y la Universidad de Gales.
Iolo respondía a una fascinación popular con el druidísmo que había empezado en el siglo XVII. El anticuado John Aubrey (1626-1697) fue el primero que relacionó a los druidas con los prehistóricos círculos de piedra como Stonehenge. Le siguió un excéntrico pastor cristiano, William Stukeley (1697- 1765), que, como Aubrey antes que él, visitó Stonehenge y Avebury. Stukeley convirtió su jardín en un bosquecillo druida, llenó sus sermones de referencias a los druidas y se denominó a sí mismo Chyndonax of Mount Haemus, druida. Consideraba el druidísmo una religión patriarcal, llevada a Gran Bretaña después del diluvio bíblico, y describía a los druidas como protocristianos que practicaban lo que él denominaba la Religión Natural. Las ideas de Stukeley fueron recogidas por un visionario poeta y artista, William Blake (1757-1827). Blake no sólo veía a los druidas como protocristianos, sino que identificaba a figuras cristianas como Noé y Abraham como druidas.
William Wordsworth (1770-1850) y otros poetas de la época escribieron sobre los druidas, mientras que artistas contemporáneos, incluidos dos conocidos ingleses, Turner y Constable, produjeron pinturas y dibujos sobre Stonehenge. A través de su obra, la imagen del druida retorna a la establecida cultura británica.
Estas son, por tanto, las lineas generales de la historia druida, desde la edad del microchip hasta la edad de los instrumentos de piedra. ¿Ha sentido usted la presencia de su arquetipo de druida en algún punto del viaje? ¿Con qué fase de la historia se ha sentido más conectado? ¿Qué le dice sobre quién es usted y cuáles son sus expectativas y deseos?Así, después de haber hecho nuestro viaje hacia el pasado, regresamos conscientemente al presente, conscientes de quiénes somos y de lo que nos rodea. Una vez aquí y ahora, agradecemos a nuestros antepasados de sangre y de espíritu todo lo que hemos aprendido, y la rica herencia de tradición y aprendizaje que hemos obtenido de ellos.
Plinio vistió a su druida de blanco, mientras que algunos otros escritores contemporáneos describen a druidas vestidos con túnicas bordadas en oro y a mujeres que probablemente eran druidas vestidas con túnicas negras.
Actualmente, los druidas reconocemos ciertos aspectos de la descripción de Plinio como relacionadas con nuestra práctica: su presentación del druidismo como un sistema de creencias mágico; su honra al paso del tiempo y a los ciclos de la naturaleza a través de las fases de la Luna; su implicación en las propiedades curativas de las hierbas y en los espíritus que residen en los árboles, plantas y animales. Los druidas modernos no sacrificamos animales, si bien algunos se preguntarán por qué es esto así si decimos revivir una antigua tradición de la que formaba parte el sacrificio de animales. La respuesta es que no intentamos revivir el druidismo de hace 2.000 años. Aquellos eran tiempos más difíciles, en los que la comida escaseaba, y la muerte por hambre, enfermedad o guerra era una amenaza constante. Hoy, la vida de la mayoría de nosotros es muy diferente. El druidismo es una tradición viva. Y al igual que los tiempos cambian y que la conciencia humana evoluciona, el druidismo cambia y evoluciona, renovando su relevancia en cada nueva generación.
¿Qué más conocemos de los druidas antiguos? En el siglo I a. EC., el historiador griego Diodorus Siculus hacia la siguiente descripción de los druidas de la época:
Entre ellos – por ejemplo, los galos, el pueblo del país que llamamos Francia- hay compositores de versos a los que se les conoce como bardos; estos, cantando y con instrumentos similares a una lira, alaban a unos y vituperan a otros.
Tienen filósofos y teólogos que son tratados con mucha consideración a los que llaman druidas; tienen adivinos – vates-, también de gran renombre, que conocen el futuro o a partir del vuelo de los pájaros y de la observación de las entrañas de los animales; y todos estan atentos a sus palabras.
... Es costumbre de los galos que nadie haga ningún sacrificio sin la presencia de un filósofo- por ejemplo, un druida-, porque, según ellos, las ofrendas a los dioses sólo deberían hacerse por mediación de estos hombres, que han aprendido la divina naturaleza y, por decirlo de algún modo, están familiarizados con ella, por lo que sólo a través de ellos debe buscarse la bendición de los dioses.
Estos profetas tienen autoridad no sólo en tiempos de paz, sino también de guerra, y los encantamientos de los bardos tienen efectos tanto en amigos como en enemigos. A menudo, cuando los combatientes se encuentran alineados frente a frente, las espadas están desenvainadas y las lanzas están alzadas, aparecen esos hombres entre los ejercitos y suspenden la batalla, del mismo modo que las bestias son encantadas a veces. Así, incluso entre los bárbaros más salvajes, la ira cede ante la sabiduría, y Marte es avergonzado ante las Musas.
Diodorus nos presenta las tres áreas principales de la práctica druidad: los bardos, los vates y los druidas. Cada una de ellas hace referencia a diferentes áreas de ellos mismos y ofrece diferentes maneras de ver el mundo. La senda de los bardos se centra en encontrar fuentes personales de inspiración y en fomentar la creatividad. La senda de los vates (la que yo sigo) se centra en la curación, la conciencia y la comprensión de procesos de cambio de ellos mismos y del mundo. La senda de los druidas les lleva a trabajar con los procesos de cambio para asumir un papel más activo en el continuo proceso de creación. Los druidas modernos seguimos actuando como sacerdotes, si bien actualmente los sacrificios que realizamos incluyen cosas como tiempo, poesía, frutos de temporadaa y flores o aguamiel.
De Plinio y otros autores, hemos aprendido que los antiguos druidas realizaban ritos en los bosques, si bien esta práctica no ha debido de ser frecuente antes de los intentos romanos de limitar las actividades de los druidas en el siglo I a EC. En esa época, los druidas tenían un concepto del espacio sagrado denominado nemeton, un área específicamente destinada para usos rituales, a menudo rodeadea por un terraplén o una franja excavada en el suelo. A veces, se construían pequeños templos o santuarios en el área sagrada. Los santuarios solían consistir en estructuras de madera, aunque algunos eran de piedra y, en ocasiones, de hueso; algunos eran cuadrados, otros redondos. Santuarios de este tipo fueron encontrados en pueblos encima de colinas, que era una forma frecuente de asentamiento en Europa durante la Edad de Hierro. Muchos nemetonae disponían de fosas rituales en las que se hacían las ofrendas. En ocasiones, se erigian postes de madera o piedras alineadas al amanecer o al atardecer en alguna época significativa del año.
Los druidas de la Edad de Hierro utilizaban hierbas y árboles sagrados en sus ritos, y practicaban la adivinación a partir del comportamiento de los pájaros y del movimiento de las estrellas. Algunos ritos incluían música y baile. Los rituales no eran la única área en que actuaban los druidas. También eran jueces y abogados, historiadores, maestros, doctores, cantantes y músicos. De hecho, todos los aspectos dela vida que requirieran algún tipo de educación formal parecían ser competencia de los druidas. Estos parecían haber asumido, entre los habitantes dela Edad de Hierro en Europa, un papel similar a la casta de los brahmanes entre los hindúes.
El druidismo de este periodo tuvo su lado oscuro, en el que se incluyen los sacrificios animales y, probablemente, también humanos. Fue una época en la que la gente entre la que vivían los druidas vivía y trabajaba como cazadores de cabezas, y conservaba la cabeza de sus enemigos como trofeos, utilizándolas a veces para decorar los santuarios. Parece que estamos muy lejos, de hecho, de la imagen romántica del siglo XVIII del sabio vestido de blanco. Y, sin embargo, no estamos tan lejos si tenemos en cuenta que varios escritores clásicos se refieren a los druidas como filósofos naturales, astrónomos, oradores, sabios jueces, inspirados profetas y habilidosos diplomáticos. Y si bien los druidas de esa época trabajaban muy cerca de la muerte, sabemos que creían fervientemente en la vida después de la muerte, y que esta creencia era tan intensa que celebraban la muerte como una liberación o un renacimiento. También creían en la transmigración del alma, creencia que aún mantenemos algunos druidas de hoy.
Existieron colegios bardos en Escocia hasta el siglo XVIII. Un siglo antes también había habido Instituciones semejantes en Gales e Irlanda. Representaban el nexo directo con el druidísmo del pasado remoto, cuando los bardos eran miembros de la clase druida entre los pueblos tribales de Europa en los siglos anteriores a la Era Común. A los estudiantes de estos colegios se les hacía memorizar grandes cantidades de poesía, tradiciones y leyendas de sus antepasados, y genealogías de familias importantes, el mismo modo que lo habían hecho sus predecesores en tiempos de Julio Cesar.
Los druidas fueron consejeros de los reyes irlandeses por lo menos hasta el siglo X, mientras que los bardos se refieren a los druidas como activos en Gales en el siglo XII. Este fue el periodo en que se escribían los antiguos cuentos de reyes paganos y héroes de Gran Bretaña e Irlanda, y normalmente los autores eran monjes. En estas historias, los druidas eran retratados como consejeros reales, profetas, magos, curanderos e intérpretes de sueños y presagios, que tenían la habilidad de adivinar y profetizar el futuro, provocar neblinas mágicas, preparar brebajes mágicos con milagrosos poderes curativos, resucitar a los muertos, alterar el clima, transformarse y transformar a los demás en pájaros o animales, y derrocar a tiranos con sus maldiciones. En conjunto, era una generación más salvaje y mágica que los druidas evangelistas del siglo XVIII. A finales del periodo medieval, muchas funciones druidas eran atribuidas a Merlín en los cuentos del rey Arturo y sus cabelleros. El personaje de Merlín que conocemos ahora fue creado en el siglo XII por Geoffrey de Monmounth, que escribió en lengua galesa leyendas acerca de dos bardos de la denominada Edad Media. El primero, Myrddin Emrys, era descrito como un profeta mágico y consejero del rey británico del siglo V, Ambrosio. El segundo, Myrddin Wyllt, llamado el Salvaje, era un bardo escocés del siglo VI. Al ver cómo su señor y sus compañeros morían en una batalla, decidió abandonar la compañía humana y vivir en el bosque de Celydon con un lobo y un cerdo. Se ganó la fama de ser un inspirado profeta. Ambos Myrddins vivieron en la época en que gran parte de Europa, incluyendo Gran Bretaña e Irlanda, vivía la transición del paganismo al cristianismo, y ambos conservan muchas cualidades del druida pagano.
En esta foto Merlín el estereotipo del druida.
En 1964, Ross Nichols fundó la Orden de los Bardos, los Vates y los Druidas (OBOD), con la intención de llevar de nuevo el druidísmo hacia lo que el veía como sus raíces celtas. A finales de los setenta, el druidísmo comenzó a adoptar elementos de la Wicca, la nueva religión pagana creada por un amigo de Nichols, Gerald Gardner. Los druidas empezaron también a ser influidos por los siberianos, los nativos americanos y otras culturas indígenas, y a descubrir de nuevo, a través de estas, las raíces de la tradición nativa europea. Entre ellos, estas influencias, juntamente con la investigación de los manuscritos medievales de Gales e Irlanda, se alimentó la recreación del druidísmo como una espiritualidad mágica, holística y conectada con la tierra y los antepasados.
Antes de los años setenta, la imagen del druida aparecida en la prensa popular era la de hombres con túnicas blancas en pie en un círculo de Stonehenge en el solsticio de verano. Este espectáculo anual formaba parte del verano inglés tanto como el críquet y el té con crema. Parecía que siempre había sido así: figuras con túnicas tras la puesta de sol y antes del amanecer, realizando ritos elaborados y Desapareciendo después, hasta el siguiente verano.
Si vamos cien años más atrás, esa imagen vuelve a cambiar. Los druidas de aquel tiempo están Representados de forma más clara en la mente dela gente por el Gorsedd Galés de Bardos.
El Gorsedd aparece todavía a principios de agosto en el Nacional Eisteddfod, la gran celebración anual de la lengua y la cultura galesa. Sus túnicas son de tres colores: azul para los bardos, verde para los vates y blanco para los druidas y realizan elaboradas ceremonias en modernos círculos de piedra construidos para la ocasión en pueblos en los que se celebra el Eisteddfod. Hablán galés, llaman a la paz : Heddwch!; desenvainan y envainan de nuevo una espada para mostrar que la paz existe realmente. Chica jóvenes llevan flores al altar de piedra que hay en el centro, en el que se sitúa un archidruida. El Hirlas Horn (cuerno de Hirlas) se pasa por el grupo, y el bardo que haya compuesto el mejor poema en verso tradicional está delante del grupo, en una silla.
Si vamos un poco más de doscientos años hacia atrás, llegamos hasta el resurgimiento druida del siglo XVIII. Es el solsticio de verano de 1792, y estamos encima dela colina de Primrose de Londres. Aquí nos encontramos con una pequeña reunión dirigida por un picapedrero galés, fallido hombre de negocios y falsificador literario, llamado Edward Williams, también conocido por su nombre bardo, Iolo Morganwg. De pie, en un círculo de piedrecitas que traía en su bolsillo, y vestido con la ropa habitual de cada día, hace un llamamiento a la paz, desenvaina y envaina una espada y pronuncia la plegaria gorsedd:
Concedednos, oh, Dios, vuestra proteccion,
Y con la protección, la fuerza,
Y con la fuerza, la comprensión,
Y con la comprensión, el saber,
Y con el saber, el conocimiento de la justicia,
Y con con el conocimiento de la justicia, el amor de ello,
Y con este amor, el amor a todas las existencias,
Y con el amor a todas las existencias, el amor a Dios,
A Dios y a todas las bondades.
Esta plegaria se sigue oyendo todos los años en el Welsh National Eisteddfor. De formas diversas, se puede oír también en ceremonias de muchos otros grupos druidas, si bien muchos reemplazan la palabra Dios por espíritu, espíritus, dioses, diosas o dios y diosa.
La ceremonia de Iolo enla colina Primrose señaló la formación del Gorsedd de Bardos de la isla de Gran Bretaña uyas coloridas ceremonias realzan el Eisteddfod. Iolo afirma haber encontrado los ritos y leyes de los gorsedd en antiguos manuscritos galeses y, durante los 150 años posteriores a su muerte, mucha gente le creyó. Más tarde, un estudioso que investigaba los documentos de Iolo encontró versiones en borrador de los supuestos manuscritos antiguos, escritos por el propio Iolo: prácticamente la totalidad del amplio y complejo sistema de tradiciones bardas y druidas de Iolo era resultado de su propia invención. Actualmente, mucha gente consideran a Iolo y a sus contemporáneos unos románticos, en el mejor de los casos, y unos timadores, en el peor. Sin embargo, cuando Iolo se dedico a imitar poesía galesa medieval fue capaz de hacer pasar sus propios versos por el más reconocido bardo medieval, Dafydd ap Gwilym. De hecho, las imitaciones de Iolo se han hecho realmente más populares que los originales de Dafydd. Verdaderamente, Iolo tenía talento, e incluso ingenio.
Cuando era niño, Iolo se inspiró en los cuentos de su madre sobre grandes días pasados, en los que todas las nobles casas galesas tenían a su propio bardo. Más tarde, encontró la inspiración en las visitas a los grandes círculos de piedra de Avebury y Stonehenge. Su inspiración le llevó directamente a fundar el Welsh Gorsedd y a todo lo que hizo por promover y preservar la lengua y la cultura galesa. También inspiró la fundación de la Biblioteca Nacional de Gales y la Universidad de Gales.
Iolo respondía a una fascinación popular con el druidísmo que había empezado en el siglo XVII. El anticuado John Aubrey (1626-1697) fue el primero que relacionó a los druidas con los prehistóricos círculos de piedra como Stonehenge. Le siguió un excéntrico pastor cristiano, William Stukeley (1697- 1765), que, como Aubrey antes que él, visitó Stonehenge y Avebury. Stukeley convirtió su jardín en un bosquecillo druida, llenó sus sermones de referencias a los druidas y se denominó a sí mismo Chyndonax of Mount Haemus, druida. Consideraba el druidísmo una religión patriarcal, llevada a Gran Bretaña después del diluvio bíblico, y describía a los druidas como protocristianos que practicaban lo que él denominaba la Religión Natural. Las ideas de Stukeley fueron recogidas por un visionario poeta y artista, William Blake (1757-1827). Blake no sólo veía a los druidas como protocristianos, sino que identificaba a figuras cristianas como Noé y Abraham como druidas.
William Wordsworth (1770-1850) y otros poetas de la época escribieron sobre los druidas, mientras que artistas contemporáneos, incluidos dos conocidos ingleses, Turner y Constable, produjeron pinturas y dibujos sobre Stonehenge. A través de su obra, la imagen del druida retorna a la establecida cultura británica.
Estas son, por tanto, las lineas generales de la historia druida, desde la edad del microchip hasta la edad de los instrumentos de piedra. ¿Ha sentido usted la presencia de su arquetipo de druida en algún punto del viaje? ¿Con qué fase de la historia se ha sentido más conectado? ¿Qué le dice sobre quién es usted y cuáles son sus expectativas y deseos?Así, después de haber hecho nuestro viaje hacia el pasado, regresamos conscientemente al presente, conscientes de quiénes somos y de lo que nos rodea. Una vez aquí y ahora, agradecemos a nuestros antepasados de sangre y de espíritu todo lo que hemos aprendido, y la rica herencia de tradición y aprendizaje que hemos obtenido de ellos.
¡Ave, oh, antepasados! ¡Os saludamos!





